Cuando cumplí 18 años y decidí, después de muchos años, contarle a mi mamá y a mi familia que no me sentía feliz con mi apariencia y que estaba atrapada en un cuerpo que no era el mío. Al contar lo que me estaba pasando, mi mamá reaccionó con tristeza desencajada, pero, al pasar los días y gracias al psicólogo, mi mamá me entendió y terminó de aceptarme. Luego, mi mamá decide contarlo a mi familia, pero  lamentablemente mi familia no lo aceptó, porque era algo deshonroso y que avergonzaba a toda la familia. Me destrozaron; sentí que mi mundo no valía. Gracias a mi madre, he logrado superar todo esto hasta ahora y me siento feliz de lo que soy: una mujer transexual.