Una chica y yo estábamos en la residencial San Felipe tomadas de la mano y serenazgo se acercó a pedir que nos retiráramos, porque incomodábamos a los vecinos. Yo le pedí que nos diera el número de ordenanza que estábamos infringiendo y que si no había ninguno que nos dejara en paz. Molestó un rato más y luego se fue.