Cuando estaba a media carrera de la U, mi novia se fue a EEUU en vacaciones; yo me fui a Puno, porque soy de ahí; le dije a mi mamá que nosotras éramos amigas. Un día de febrero salí de casa y al volver mi mamá había buscado entre mis cosas y encontró una carta de mi novia que yo le había mandado. Mi papá me dijo que mi mamá estaba llorando. En la noche, me dijo que cómo era posible que le haya engañado, que ya no era su hija, “para mí has muerto” me dijo. Yo le dije que no estaba mal, me dijo que es una enfermedad; le dije que no iba a cambiar, si me quería o no bueno. Me vine para Arequipa por mis estudios otra vez y un día me llamó mi hermano, me dijo que me quería; volví a mi casa y tuve que disimular que iba a cambiar para que me sigan cubriendo los estudios. Ahora ya soy independiente y en mi casa no se habla de eso.