En Marzo de este año, el Congreso debatía a cerca de la Unión civil. Ese día, desde temprano, conversamos mi novia y yo con un grupo de amigxs para ir juntxs, dado que nos habían dicho que había muchas personas en la Avenida Abancay con carteles y con megáfonos en contra de la Unión Civil  y que cada vez nos arrimaban y nos reducían el espacio.

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 Cuando llegamos, comprendí la magnitud de la situación; vi un mar de gente con carteles de puro odio gritando cómo debía ser una familia, que Adán y Eva y no Adán y Esteban y miles de babosadas más. Mientras caminábamos rápido para llegar a el punto de encuentro, tuvimos que pasar por donde estaban todos estos fanáticos religiosos que no solo me miraban, sino que también hacían comentarios como que me iría al infierno y todo debido a como me veía. Después de cuadras de sentirme atacada, por fin llegamos al punto de encuentro. Éramos pocos, pero los que estábamos arengábamos con la fuerza de muchos. Durante toda la espera, los insultos no venían sólo de los fanáticos religiosos, sino de los mismos policías que nos "resguardaban"...uno de ellos inclusive dijo que me hacía mujer al toque. Nosotros teníamos prohibido salir de nuestro lado mientras que el resto sí le estaba permitido pasar al nuestro mientras nos señalaban y "predicaban" que éramos una abominación. La policía no los detuvo.

 Al tener la noticia que el Congreso había archivado la petición y que no la contemplarían más, observé muchas caras tristes, hasta lágrimas...Después de unos minutos, todos recuperamos ánimos. Cantábamos más fuerte, le sonreíamos al odio, porque sabíamos que si no llega ahora...llegará después de luchar un poco más.

 La policía dijo que nos escoltaría por que los grupos fanáticos nos rodeaban y pronto no podríamos salir. Si bien nosotros habíamos perdido, ellos sentían que se había ganado un lugar en el cielo jajaja...Al salir escoltados, la turba de gente nos cerraba más y más el camino y, mientras los insultos volaban,...nosotrxs corrimos y arengamos sin parar. Antes de llegar a la plaza San Martín, sentí un golpe fuerte en la espalda, pero no le presté atención por lo agitado del momento...Luego, me di cuenta que me habían golpeado con unas de sus pancartas...No sé aún si con cuál: la de: por pecadora no entraré al reino de los cielos o con la de Dios es respeto al prójimo y a la familia.