CUERPX

17(hori).jpg


 
 
image002.jpg
 

Una reflexión feminista sobre el cuerpo siempre cuenta una historia de disidencia, porque quienes rechazamos las imposiciones de la cultura machista sobre nuestra libertad —sin importar que logremos romper el silencio o no—, nos vemos en la posición de hacernos responsables de las consecuencias de ese rechazo cada vez que decidimos ser fieles a nuestra diferencia, incluso cuando esto significa ser marginalizadxs, expulsadxs de nuestros hogares y violentadxs todo el tiempo por la sociedad y el estado.

En los últimos años, la resistencia de mujeres y personas LGBTIQ en el Perú ha cobrado mayor fuerza y visibilidad. Puede que esto suene esperanzador en principio, pero el reverso de un movimiento feminista cada vez más amplio y resiliente señala que el machismo, lejos de encontrarse en proceso de desaparición, continúa imponiéndose y mutando hacia formas más sutiles de dominación y legitimidad. Si bien cada vez somos más quienes adquirimos consciencia de la organización patriarcal y misógina de la sociedad, este proceso sigue siendo algo que cada unx de nosotrxs debe realizar por cuenta propia, en la soledad más inquietante y entre cuestionamientos y agresiones que nos dejan expuestxs como “resentidxs” y “victimistas” frente al sentido común de una cultura que ha normalizado la violencia hacia nosotrxs.


En tiempos recientes, y gracias al trabajo y organización de compañerxs feministas, la opinión pública ha empezado a conocer la realidad de la violencia de género, expresada en cada feminicidio, violación sexual y aborto criminalizado por un estado que desprecia y deja morir a mujeres y personas LGBTIQ al tiempo que protege y otorga impunidad a miles de agresores blindados por la corrupción. La evidencia flagrante de estas violencias, registradas diariamente en reportajes, investigaciones y portadas de periódicos, ha permitido que cada vez más personas cobremos conciencia de que vivimos bajo un régimen invisible que otorga privilegios a ciertas personas y oprime otras en función a si son hombres o mujeres. Si bien esto significa que estamos logrando transformar la mente patriarcal de la sociedad, las inquietudes y problemáticas propias de las personas transgénero aún siguen siendo desconocidas y/o miradas con indiferencia o asco. Nuestras cuerpas siguen siendo agredidas y desaparecidas. Nuestra libertad sigue siendo identificada como una enfermedad que debe ser curada para convertirnos en ciudadanos “decentes” que se casan, se reproducen y odian lo diferente. La lucha es ardua y la esperanza no siempre está a la mano.

 
 
 
instagram3.jpg
 


Cuerpx es un proyecto que busca incitar nuevas y más conversaciones sobre qué es el género y cuán libres somos realmente en una sociedad como la nuestra, estructurada bajo esquemas y normas que promueven ciertas experiencias y transformaciones del cuerpo mientras que otras son identificadas como nocivas y peligrosas. Agradecemos y celebramos la creatividad de nuestro compañero y amigo Marco Pérez, autor del arte fotográfico que compone esta muestra y hace que nos pensemos más allá de lo que han dicho que debemos ser.




 Inauguración de   Cuerpx  , de Marco Pérez, en la galería Espacio 22. Crédito de la fotografía: Handrez García

Inauguración de Cuerpx, de Marco Pérez, en la galería Espacio 22. Crédito de la fotografía: Handrez García

 
 

Los medios de comunicación muestran una imagen de la violencia en donde los perpetradores son elementos “negativos” que se radicalizan espontáneamente y violan los derechos básicos de sus víctimas eventuales. En esta imagen, el estado aparece como el padre que procura esforzadamente proteger a la ciudadanía, no obstante queda siempre desbordado por la insana magnitud de la violencia. Las amenazas a la seguridad y la libertad de las personas acechan, como un enemigo distante e invencible, la estabilidad de un sistema que, si bien imperfecto, todxs deberíamos querer preservar.

La violencia es tan evidente que se habla de “crisis” para describir su recrudecimiento, pero referirse a ella en términos de “opresión” plantea un cambio importante. Quien se nombra oprimidx revela que el sistema en donde “todos somos iguales ante la ley” en realidad se sostiene sobre la vejación estructural de ciertos grupos. El sistema no existe a pesar de “las amenazas a la seguridad”, sino que se consolida debido a ellas. De ahí que la demanda feminista no sea contestada por el estado peruano, quien de aceptarla tendría que iniciar un proceso de despatriarcalización irreversible, es decir, permitir la revolución.

 

Desde la perspectiva de una política transfeminista, no existe una cultura tradicional con la que estar agradecidxs por tolerar a lxs disidentes. Lo que existe para las cuerpas oprimidas es un entorno que asfixia a quienes se atreven a hacerse responsables de su libertad. Para las feministas, el género no solo es la “construcción sociocultural de la diferencia sexual”. Género es ser libre siempre y cuando los hombres sean hombres y las mujeres, mujeres. Género es ser adoctrinadxs en la heterosexualidad como opción única de relacionamiento sexual y afectivo. Género es que las mujeres rechacen los acercamientos sexuales de los hombres y por ello sean incendiadas en la calle. Género es que nuestros cuerpos no sean nuestros, que nuestros genitales nos impongan un destino irrevocable lejos del cual somos monstruos, adefesios abominables que contagian inmoralidad.

El observador superficial nos atribuye una obsesión con el género, como si nuestra meta fuera que todxs validen una ficción ideológica. La verdad es que muchxs tan solo soñamos con su destrucción, con el levantamiento del velo que el patriarcado ha arrojado sobre la esperanza de convertirnos en nosotrxs mismxs.

 
 
 
 
F5.1.jpg
 
6-0.jpg
15-15.jpg

*** Esta muestra no pretende validar los procesos de transición que impliquen modificaciones corporales o intervenciones quirúrgicas por sobre otras transiciones. Lo que quiere es repensar lx cuerpx, cuestionar la transición y la cisheteronormatividad que se encarna en ella.

 
 
image003.jpg
 
 
 

Cuerpx se inauguró en junio del 2018 gracias a No Tengo Miedo y Espacio 22, con el apoyo de Absolut Vodka. Crédito de las fotografías: Paul Conde Escobar