Yo tengo la fortuna de tener padres, que a pesar de sus creencias religiosas, me apoyan y darían todo por mí. Hace casi dos años, decidí retirarme de la iglesia a la que asistía con mis padres. El pastor de esta iglesia sabía que era gay; supuestamente quedaría solo entre él, mis padres y yo. Después de alejarme de la iglesia, decidí viajar a Lima a estudiar lo que me apasiona: el teatro. Pero al estar lejos el pastor decidió contar este "secreto" a la iglesia y lastimar a mis padres. Se imaginarán que para ellos no era nada sencillo; mis padres decidieron salir de la iglesia y ahora todos los miembros (incluidos los que creía eran mis amigos) tienen prohibido hablar con nosotros. Desde mi regreso a Arequipa, decidí vivir mi homosexualidad libre y tranquilamente y mis padres me apoyan. Ahora, exploro también el interesante mundo drag y mi ciudad, en su mayoría, nos detesta a los que hacemos esto, pero ya no es doloroso; al contrario, nos da fuerza para seguir y seguiré adelante.