Ayer encontré un cuaderno en el que escribí a los 15 años y, a pedido de un psicólogo, unas líneas sobre mi identidad sexual. Me sorprendió descubrir que, aún padeciendo las presiones típicas de esa edad, parecía saber exactamente quién era y lo que quería. Escribí que sentía que podía amar y desear a hombres y mujeres por igual y que esperaba encontrar algún día el amor; no importa de qué género fuera esa persona. Me siento orgullosa de esa niña que fui. Hoy no tengo miedo de decir que vivo con mis dos amores, distintos pero igual de poderosos, y que soy muy feliz.