Hace mucho tiempo, mi hermano mayor estaba a punto de matarme junto a sus amigos por el simple hecho de no querer jugar pelota con él y sus amigos. Cerraron todas las puertas de la casa, pusieron el volumen de la música muy alto para que no escucharan lo que me hacían. Me pegó tan fuerte que me quiso asfixiar, me pegó durante una hora y media y fue un vecino quien me tuvo que sacar de la casa. Yo no podía ni caminar, ni hablar. Mi vecino me llevó a su casa. Ahora ya no vivo con mis padres; ellos están separados y yo me mudé a Lima.