Fue una noche que me dirigía a mi casa; había tomado una combi. Como vivo lejos era casi una de las últimas en bajar; en esta oportunidad, fui la última. De pronto, tanto el chofer como el cobrador decidieron cambiar de ruta, yendo por otro lado, el cual, definitivamente, me quedaba lejos de casa; entonces, hice saber mi incomodidad como usuaria de un servicio de transporte. Finalmente, cuando ya estaba por bajar me dijeron "qué tanto hablas, machona". Evidentemente, me lo decían, porque soy lesbiana y se nota (no tengo problema con eso). Lo que me dijeron me desconcertó, porque pensaban que “machona” era una ofensa para mí como lo podría ser para otras lesbianas.