Me sentía humillado, molesto por haber salido del clóset ante mi familia y estaba muy deprimido. Mi jefe se dio cuenta y, como teníamos cierta confianza, no pude más y llorando le conté cómo me sentía y que soy gay. Recuerdo su mirada de sorpresa y de no saber qué hacer; como me puse a llorar desconsolado, me dejó y él solo observaba. Cuando notó que me calmé, me dijo: "Rodriguez, siempre te has caracterizado por tu puntualidad, tu desempeño en esta empresa y tu valía como ser humana y eres gay ¿Qué? ¿Te crees menos? Yo sigo viendo al mismo Rodríguez; es más creo que desde ahora en adelante va a haber un nuevo y mejorado Rodríguez".