En el colegio, no la pasé muy bien. Un día, en la clase de educación física, el profesor me dijo delante de todos mis compañeros: "Yo sé que tú eres maricón". Ofendido, lo miré directamente a los ojos; no dije nada. Él, al darse cuenta de mi enfado, añade: "Ya, los dos somos maricones". Lo sigo mirando y entonces él concluye: "Ya, yo soy más maricón que tú". No le dije nada ni me quejé en el área de disciplina. Era muy tímido y tenía miedo de que si contaba lo que me había dicho, pudiera haber represalias.