NUESTRA SITUACIÓN

 
 
 

La situación actual de las personas LGBTIQ que viven en el Perú es sumamente complicada. Para explicarla, podemos remontarnos a tres hitos históricos que expresan la gestación del contexto en que nos encontramos hoy. En primer lugar, la invasión española e instauración de la colonia a inicios del siglo XVI generó la imposición de una religión monoteísta mediante prácticas tortuosas con el fin de eliminar cualquier vestigio de cosmovisión andina y amazónica. Bajo el nuevo régimen, las mujeres no son consideradas como el opuesto complementario de los hombres, sino que asumen un rol de subordinación dentro de un esquema patriarcal occidental que se normaliza en todos los espacios de la vida pública y privada. Asimismo, la presencia de personas qariwarmi, seres andróginos cuyas identidades representaban el balance encarnado de los valores masculinos y femeninos, empezaron a ser perseguidas y marginalizadas por el estado colonial mediante decretos de la Real Audiencia de Lima. Es aquí en donde se traza un momento crucial de la hoja de ruta que determinaría la opresión de mujeres, mariconas, chitos y travestis en el Perú.

 
 Giuseppe Campuzano y Germain Machuca, Las Dos Fridas (2013)

Giuseppe Campuzano y Germain Machuca, Las Dos Fridas (2013)

 
 
 Crédito de la fotografía: Max Lira

Crédito de la fotografía: Max Lira

 
 Crédito de la ilustración: Ibrain Cerebros

Crédito de la ilustración: Ibrain Cerebros

 

El segundo hito se vincula a la reelitización del Estado y a su poca o nula presencia en las zonas rurales del país. Este escenario propició la gesta de grupos subversivos radicalizados que eventualmente conformarían las fuerzas terroristas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Gracias al Movimiento Homosexual de Lima (Mhol), la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) registró que estos dos grupos, amparados en su ideario misógino y heterosexista, asesinaron a más de 500 mariconas, machonas y travestis entre los años de 1980 y 1992. La visión que tenían de las personas homosexuales y transgénero las presentaba como una desviación decadente e inmoral que corrompía a la sociedad y debía ser criminalizada y exterminada. En el contexto de la respuesta bélica del Estado peruano para frenar los avances terroristas del campo a la ciudad, los miembros de las Fuerzas Armadas perpetraron alrededor de 40 mil violaciones a mujeres campesinas, además de abusos de poder y torturas. Estas vejaciones han desencadenado una serie de enfermedades sociales como la teta asustada, llakis (1), iquyaska (2), entre otras.  El Estado, lejos de tratar de sanar estas heridas, continúa sin hacerse responsable y revictimiza a lxs agraviadxs cada vez que niega el contenido del Informe de la CVR y la participación de las Fuerzas Armadas en la violación de derechos humanos. A la fecha, no existen políticas específicas para las comunidades LGBTIQ afectadas por el conflicto.

 
 Museo Travesti del Perú

Museo Travesti del Perú

 
 

Un nuevo desgarramiento afectaría al Perú, sobre todo a los grupos históricamente marginalizados,  con la llegada del fujimorato en la década de los noventas. El autogolpe ordenado por Alberto Fujimori en 1992 fue el momento que daría paso a la Constitución del 93 y al establecimiento de las políticas neoliberales que hasta la fecha siguen avalando la depredación de los recursos públicos y reservas naturales. Desde entonces, las organizaciones gremiales fueron desmanteladas y los derechos laborales fueron eliminados para permitir la dictadura del “libre mercado“. De la misma manera, muchos organismos estatales autónomos e instituciones democráticas fueron desestabilizadas, dejando el país a merced de los intereses particulares de la mafia fujimorista.

 
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¿Por qué es importante entender el fujimorismo para comprender la situación actual de las personas LGBTIQ en el Perú? En medio de la dictadura, la guerra interna y el terror, el fujimorismo logró que el único referente de una organización política homosexual en el Perú, el Mhol, retrocediera y su capacidad de incidencia en la sociedad peruana e instituciones públicas se viera deteriorada. En segundo lugar, es responsabilidad del fujimorismo el atropello al principio de laicidad del Estado mediante la consolidación de los vínculos con la iglesia católica —específicamente, con el Opus Dei, a través del Arzobispo Juan Luis Cipriani, quien hasta hoy continúa liderando la jerarquía eclesiástica e impulsando campañas para desinformar a la población y promover el odio hacia las comunidades LGBTIQ. A esto se suma la alianza fujimorista con grupos evangélicos conservadores que buscan ocupar un lugar en el aparato estatal para reproducir sus recursos y poder. Otro agravio del que el fujimorismo es responsable es la perversión del libre acceso a la información y del derecho a la libre expresión mediante la compra de medios de comunicación para enajenar a la población de la crisis de corrupción y violencia que ocurría al interior del Estado. Diversos medios de prensa amarillista y programas de televisión basura se dedicaron a reproducir estereotipos racistas y heterosexistas con el fin de prolongar y reforzar la estigmatización de las personas homosexuales, lesbianas y, sobretodo, travestis.

 
 
 
 

La situación de las comunidades LGBTIQ en el Perú refleja las consecuencias de lo que estos tres momentos generaron en el tejido social. Por un lado, la identificación de la población peruana con los valores retrógradas que promueve la iglesia católica es masiva, y determina un imaginario colectivo donde las personas homosexuales, travestis, lesbianas —o cualquiera que represente una disidencia a la heteronorma— son satanizadas, satirizadas o vistas como peligrosas. A esto se le suma que la información disponible sobre nosotrxs ha sido producida por personas ajenas a las experiencias disidentes y desde una perspectiva patologizante. Si bien la discriminación hacia la población LGBTIQ es generalizada en el país, cada zona o región responde a desarrollos históricos propios que derivan en distintas formas de pensar y relacionarse con la mariconada. De esta manera, no es gratuito encontrar que el 94,7% (n=772) de la población LGBTIQ en el Perú haya sido discriminada por su orientación sexual o identidad de género y que, además, el 47,7% (n=715) afirme haber sido violentada por personas que no conocían.

 
 Créditos de la ilustración: Ibrain Cerebros

Créditos de la ilustración: Ibrain Cerebros

 
 
 
Recuerdo que fui a confesarme a las Nazarenas. Le conté al padre que me gustaban los chicos y
también las chicas. El me preguntó si había tenido sexo con un hombre. Le dije que sí. Me llamó
`engendro del demonio´ y una `aberración´. También que soy producto del escupe de Satanás y que
arderé en el infierno Me dijo que rezara 10 ave María y 10 padres del nuestro y me vaya.
— O.C., persona de género no binario pansexual, 20 años, Lima
 
 
 

Los obstáculos a los que se enfrentan las personas disidentes de la cisheteronorma son heterogéneos y dependen en gran parte de si son personas trans o cisgénero. La situación de la población trans es más crítica, sobretodo la de las trans femeninas o mujeres trans, cuyas cuerpas son más visibles a la mirada inquisidora de una sociedad que las examina y acosa constantemente. Por ello, no es sorprendente notar que 2 de cada 5 mujeres trans no han culminado los estudios básicos regulares y que el mayor porcentaje de estos casos se encuentra en la región amazónica del país (Loreto). Son también las mujeres trans quienes denuncian agresiones por parte de los operadores del orden público (Serenazgo y Policía Nacional) en mayor proporción (4 de cada 10).  Por otro lado, las mujeres lesbianas, bisexuales o pansexuales, y sobre todo los hombres trans y trans masculinos, son quienes reportan con más frecuencia casos de violencia por parte de su familia nuclear. Otra situación que afecta directamente el bienestar de las personas LGBTIQ es la precariedad del sistema público de salud. El 5.9% de las personas que participaron de nuestra investigación manifiesta vivir con VIH/SIDA y estamos convencidas de que el número real es mayor. Resulta indignante y preocupante que, de este segmento, 1 de cada 5 persona declare haber sido discriminada o violentada por el personal encargado de proporcionar el servicio de atención médica. Esto explica porqué el 35,8% (n=772) no cuenta con un seguro de salud. Este contexto se agrava en algunas regiones como Loreto o el Callao, donde la prevalencia del VIH es mayor.

 Créditos de la ilustración: Ibrain Cerebros

Créditos de la ilustración: Ibrain Cerebros

 
 
 Créditos de la ilustración: Ibrain Cerebros

Créditos de la ilustración: Ibrain Cerebros

 

Existe una variedad de documentos, investigaciones y noticias que prueban fehacientemente la vulnerabilidad en la que vive gran parte de la población LGBTIQ en el Perú, y la ligereza con que las autoridades manejan esta situación no solo es preocupante, sino inaceptable. La negligencia que despliegan en su labor redunda en un aval de la violencia imperante que estimula nuevas agresiones y el recrudecimiento de los ataques y crímenes de odio. La apuesta de nuestra colectiva consiste en brindar la mayor cantidad de información posible a través de la investigación ética, coherente y rigurosa para transformarla en recursos y productos didácticos y educativos. Creemos firmemente que la situación de la población LGBTIQ  no solo se juega en la arena de la política en términos formales, sino también en el plano social, en la producción de conocimiento y en la disputa de los espacios públicos.

 
 

 

NOTAS

 
 
  1. En el pensamiento andino, el corazón es el núcleo de los pensamiento y la racionalidad, así como de las emociones. El llakis son los pensamientos o recuerdos desbordantes y dolorosos que llegan al corazón. Muchas veces estos no pueden ser contenidos y una persona puede llenarse de pena. (Theidon, Entre prójimos, pg.64).

  2. El iquyaska es una sensación de agotamiento profundo relacionada al peso y dolor que generó el conflicto armado en la vida de los campesinos ayacuchanos.

 
 
 
 

FUENTES

 

Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconcialiación

La descolonización del sodomita en los andes coloniales, de Michael Horswell

Museo Travesti del Perú, de Giuseppe Campuzano

Entre prójimos, de Kimberly Theidon

Nuestra voz persiste, de No Tengo Miedo

De amores y luchas, ed. Jorge Bracamonte