En la secundaria, mi profesor de psicología llamó a mi madre a una reunión específica para mostrarle su preocupación por mis actitudes femeninas. Argumentó que podría ser el primer puesto de mi colegio, pero esas actitudes arruinaban todo lo bueno que podría tener. Le propuso a mi madre que lleve sesiones para "corregir" esos ademanes y conductas nada positivas para un adolescente de 12 años y mencionó que tendría la solución al ser psicóloga. En algunos recreos o actividades, me llevaba a un salón para indicarme cómo debía pararme, hablar, moderar voz, correr, etc. Fueron dos meses terribles hasta que mi madre le exigió al colegio no entrometerse en ello.